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En los últimos días, Pasto y sus territorios cercanos han vivido tragedias que estremecen el alma. Jóvenes y adultos han decidido poner fin a su vida o han sido víctimas de violencia extrema. Estos hechos no solo nos conmueven, también nos obligan a preguntarnos: ¿qué está pasando con la salud mental de nuestros niños, niñas y adolescentes? ¿Qué sucede en nuestras escuelas y colegios? ¿Cómo nos relacionamos con nuestros vecinos y con quienes nos rodean?

Pasto es una ciudad amable, llena de hospitalidad y cariño, tanto para quienes vivimos aquí como para quienes nos visitan. Pero también es silenciosa. En barrios y corregimientos, hablar del dolor, la depresión, la ansiedad o el miedo sigue siendo difícil. Preferimos callar antes que enfrentar la fragilidad que todos atravesamos en algún momento. Ese silencio, sin embargo, se ha convertido en un enemigo invisible que afecta a toda la comunidad y, en ocasiones, cobra vidas.

No podemos abordar el tema de la salud mental sin tener en cuenta los diálogos que hemos sostenido con líderes, familias y comunidades en el territorio. En reuniones como la realizada el pasado 6 de octubre de 2025 con la Organización de Mujeres de Cumbal y la del 12 de octubre de 2025 con jóvenes de los CMJ de Cumbal. En donde, se evidenció la preocupación por el bienestar integral de niños, adolescentes y familias. Las mujeres expresaron la necesidad de espacios donde puedan trabajar sus proyectos sin desatender el cuidado de sus hijos, mientras que los jóvenes señalaron la importancia de contar con apoyos en deporte, educación y formación en liderazgo. Estos encuentros muestran que, más allá de la infraestructura o los proyectos productivos, la salud emocional y la prevención del sufrimiento deben ser un eje central en la construcción de comunidades resilientes.

En el 23 de octubre de 2025, durante un encuentro con integrantes de la Organización Piscícola y Turismo de la Laguna, Cumbal, se abordó cómo la falta de recursos y la presión de las responsabilidades diarias afectan la tranquilidad emocional de las familias. Se mencionaron problemas concretos, como la cadena de frío para transporte de productos y la necesidad de adecuar espacios de trabajo, que impactan directamente en la estabilidad y bienestar emocional de la comunidad. En estas reuniones, se destacó la importancia de escuchar de manera activa y construir redes de apoyo que integren educación, empleo, deporte y salud mental.

Hoy, más que nunca, debemos asumir una corresponsabilidad colectiva. Los padres debemos mirar más allá de las calificaciones y preguntar cómo están realmente sus hijos. Docentes y directivos escolares deben acompañar de cerca el bienestar emocional de sus estudiantes. Juntas de acción comunal, líderes y organizaciones comunitarias debemos crear espacios de escucha y acompañamiento donde nadie se sienta solo. Y el Estado tiene la obligación de garantizar atención psicológica accesible, oportuna y gratuita, especialmente para los niños y jóvenes.

Hablar salva. Escuchar salva. Abrazar salva. En Nariño tenemos una riqueza humana enorme; no podemos permitir que el dolor, la presión o la desesperanza sigan ganando terreno por falta de diálogo y comprensión. Cuidar la salud mental no es un asunto individual: es un deber social. Que Nariño y los nariñenses seamos ejemplo de empatía y prevención. Porque hablar de salud mental no es un signo de debilidad, sino de valentía. Hoy, necesitamos ser valientes para cuidar la vida, sobre todo la de nuestros niños y adolescentes, quienes son el futuro que debemos proteger con atención, cariño y escucha activa.

Carlos Andrés Cuaical Chapi

 

 

 

 

 

 

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