
Lo sucedido en Sandoná con la empresa BMG Colombia —una propuesta que prometía “ganancias diarias” solo por consignar dinero o completar tareas digitales— no es un episodio aislado ni una simple anécdota local. Las decenas de personas que reclamaron sus ahorros, según distintos reportajes y notas de prensa del departamento, son parte de un patrón que se repite cada cierto tiempo en distintos municipios del sur. Cambian los nombres de las empresas y las estrategias para atraer a la gente, pero el final suele ser el mismo: ahorros perdidos, familias afectadas y un silencio institucional que llega tarde.
Lo inquietante es que no se trata de un fenómeno nuevo. En varias localidades del sur, desde hace años aparecen “oportunidades milagrosas” disfrazadas de emprendimientos o de sistemas de inversión que terminan derrumbándose. Es un ciclo que persiste porque las condiciones que lo permiten siguen intactas: ingresos insuficientes, informalidad, desigualdad territorial y una educación financiera todavía incipiente.
- Remuneración insuficiente o inexistente
En una región donde el ingreso es limitado, irregular o simplemente no alcanza para cubrir las necesidades básicas, es comprensible que muchas personas se sientan atraídas por promesas de rentabilidad rápida. Esta realidad la han expresado directamente las comunidades en diferentes diálogos recientes.
El 15 de septiembre de 2025, por ejemplo, la comunidad de Kamur, Cumbal, planteó la preocupación por la falta de proyectos que generen ingresos reales y sostenibles. Hablaron de caminos sin culminar, de oportunidades que se prometen pero no llegan, y de la necesidad de gestionar apoyos concretos para avanzar. Estos testimonios ilustran cómo, cuando la economía formal no responde, las personas quedan expuestas a “alternativas” que parecen más estables de lo que realmente son.
Asimismo, el 8 de septiembre de 2025, durante un espacio con el equipo técnico de la organización IntiNova y jóvenes de Cumbal, se reiteró que muchos proyectos juveniles y comunitarios no cuentan con herramientas ni acompañamiento para consolidarse como oportunidades laborales reales. Esa ausencia de soporte se traduce en vulnerabilidad económica, y la vulnerabilidad es terreno fértil para que cualquier oferta de “ingreso fácil” gane atractivo.
- Educación financiera o economía familiar incipiente
El caso de BMG Colombia también muestra lo mucho que nos falta avanzar en educación financiera y en economía familiar. Muchas ofertas de “inversión” llegan por redes sociales, por voces cercanas o por cadenas informales donde no existe una verificación real.
Ya lo ha advertido la Superintendencia Financiera: después de la experiencia amarga de las pirámides, no podemos volver a caer en estos engaños. Pero la advertencia no basta si no se acompaña de formación clara y cercana. En las reuniones comunitarias, sobre todo en el espacio con líderes y familias en Cumbal el 15 de septiembre, varios asistentes señalaron lo difícil que es distinguir entre una oportunidad legítima y una apuesta riesgosa cuando no hay información suficiente.
A esto se suman creencias culturales arraigadas sobre el dinero “que se multiplica solo” o la idea de que la suerte puede reemplazar el trabajo. Estas nociones deben contrarrestarse desde la escuela y desde los espacios comunitarios, con programas que enseñen a reconocer señales de alerta: promesas de ganancias imposibles, presión para vincularse rápido, beneficios basados en traer más personas, entre otras.
- Vulnerabilidad territorial
No es casual que estos esquemas se instalen en municipios periféricos como Sandoná. La distancia de los centros urbanos, la menor supervisión institucional, la informalidad y el limitado acceso a servicios financieros formales generan un contexto donde la gente busca alternativas, incluso si son frágiles o riesgosas.
Esta misma vulnerabilidad se ha evidenciado en otros territorios del sur. El 23 de septiembre de 2025, durante la minga de fundición de tanque de agua en Boyera, Cumbal, varias familias mencionaron la presión económica que enfrentan a diario: mantener el sustento, cubrir los estudios de los hijos, garantizar lo básico. Y cuando la carga es tan alta, la ilusión de una ganancia rápida puede convertirse en una salida, aunque esta sea una ilusión peligrosa.
- Necesidad de ajustes estructurales
Más allá de castigar a quienes crean estos negocios engañosos, es necesario mirar de frente lo que hay que transformar en la vida diaria de nuestros municipios. No se trata solo de grandes reformas, sino de medidas básicas pero urgentes:
- Que trabajar no implique arriesgar los ahorros. Para ello, las pequeñas y medianas iniciativas locales deben tener condiciones reales para crecer, contratar y sostenerse, no solo sobrevivir.
- Que desde jóvenes aprendamos cómo funciona el dinero y los riesgos. Hace falta hablar más en escuelas, juntas y barrios sobre cómo identificar señales de alerta.
- Fortalecer la economía local desde lo propio. Agregar valor a los productos del campo, impulsar turismo comunitario y consolidar servicios locales que den ingresos estables.
- Reforzar la presencia institucional en los territorios. Un seguimiento activo a entidades que captan dinero del público y una coordinación real entre municipios y entidades nacionales.
El colapso de BMG Colombia debe asumirse como un llamado colectivo. No basta con recuperar lo perdido; es indispensable reconstruir las bases económicas y educativas que permitan que nuestra gente tenga alternativas reales, legítimas y dignas.
Cuando la ilusión financiera sustituye al trabajo estable y al acompañamiento institucional, todos perdemos. Pero cuando respondemos con organización comunitaria, vigilancia, educación y oportunidades reales, ese riesgo se convierte en una puerta hacia la esperanza y la justicia económica que Nariño merece.
Carlos Andrés Cuaical Chapi




